viernes, 27 de agosto de 2010

a ti

Tus ojos de risa fácil. 
Tu boca de amor y llanto.

¿Qué tienes entre las manos?
Rimas que regalas sin fijarte en mi estado.

Creo que te amo. Amo que no me mires
Amo que sobre el pasto cubierto de rocío, me prefieras. 
Amo amar tu imagen. Borrosa y cubierta por maquinaciones malvadas. 
Amo no conocerte y que tu no me conozcas. 
Amo no tener que simular. 
(porque no nos conocemos) 

Porque me gustas. Me gustan tus manos. 
Manos que derraman poesía y música. 
Manos que escribieron esas frases. 
Cuando más las necesitaba. 

Si el mundo se acaba mañana. Me iré contigo 

jueves, 26 de agosto de 2010

Tu número de teléfono

Es increíble lo incidentales que pueden llegar a ser las personas en la vida. 
Es entonces, mientras pienso esto, cuando frente a mi aparece la absurda escena de una tarde anaranjada en Miramontes. La avenida anegada en carros. Las imágenes no tienen sentido, y sólo queda el sentimiento incoherente y abstracto de la molesta soledad bochornosa. Esa es mi náusea. 

Después de largos meses de amor de cliché de aparador, la verdad había terminado por fulminar el castillo de arena que habíamos construido sólo con pasión.
Nunca había sido buena con la memoria, ni siquiera recordaba mi dirección, mucho menos mi teléfono; por ello era imposible que recordara el suyo.
Tenía la vaga impresión de que terminaba en dieciocho, ya jamás sabré. 

La primera semana de desamor no tuve el valor para dejar encendido el teléfono. Luego con un capricho resuelto del corazón, borré su número sin mirar, condenando algún resbaloso encuentro tan sólo al cruel azar.

sábado, 14 de agosto de 2010

El mar

La despedida fue hace ya tanto. Sin embargo el océano no muere
y lo que espero ahora es que cada que veas ese azul, 
cada que percibas la humedad, cada que te pares frente a la inmensidad del mar, pienses en mi. 

Que en cada gota de agua salada y marina, veas, por lo menos, una de todas las lágrimas que mis ojos, antes tan llenos, derramaron por ti .

Que siempre al ver la arena morena, recuerdes mi cuerpo, el cuerpo generoso que supo beber todo tu veneno, poro por poro. 

Y si ves el mar y recuerdas esto, no pienses por favor, que yo pienso en ti.