Suéñate desnudo, pero conmigo.
Suéñate venciendo, pero sin mí.
Pero suéñate, porque la vida no es sueño y la soledad no espera.
Gloria a Dios y perversión de los ángeles. No huyas de los deseos, de tu cuerpo feliz y miserable. Asco y miedo.
En el momento de la envidia...
Amiga, no te sueltes de mi mano, que entre ángeles no jugamos a ser mortales.
Decía el monje profeta que él tenía el poder de predecir revoluciones. En Italia, murió quemado y sin la razón de Maquiavelo.
Porque nacemos para aprender y la vida nos da manzanas podridas, ¡Oh! Como me gustaría estar desnuda y llamarme Eva.