domingo, 7 de marzo de 2021

Fin del mundo

 En 2020 acabó el mundo. 

La ciudadanía se preocupa porque Google acumula datos de nuestros deseos. Todo lo que se acumula en los archivos de sus servidores no es más que nuestra propia humanidad. Ciudadano "libre" de la barbarie contemporánea que no se reconoce en su humanidad y se preocupa porque quizás Dios, que todo lo ve y todo lo castiga, sabrá que deseas aquellos deseos para los que fuiste programado. Todos queremos lo mismo. Por ello vivimos tan tristes, siniestros, derrotados por nuestras propias ficciones de libertad. Aquí en el encierro de las letras y del lenguaje soy libre. La libertad no es más que una palabra. Una palabra mágica capaz de hacer aparecer la alegría en la esclavitud. Todos somos siervos de todos. Todos somos amos de todos. Todo somos todo.  Esa fue la profecía de hace más de trescientos años, y en aquella profecía no había nada nuevo, nada que el corazón eterno no supiera ya... Claro, los profetas aparecen para hacernos recordar. Vírgenes y Profetas, Reyes y Rebeldes. Jueces y Brujos. Todos estamos aquí, implicados en el mismo mundo que se acaba y se produce a cada momento. Todo cambia y cambia siempre, pero sólo los tontos son incapaces de distinguir el día de la noche. Siempre ha habido noche, pero no siempre es de noche. Estamos habitando la hora siniestra.