sábado, 26 de marzo de 2016

El lugar sin lugar: hastío.

He visto el nido roto. Corazón roto.
Hiciste trecientos monólogos siniestros.
Y ella se transformó en agua desesperada.

Sigues hablando con esa sonrisa sardónica sin soltar la biblia que tienes en la mano, y
Repites
“Se quiebra la vara, pero se endereza el muchacho”.
Repites
Mentir para ser libre. Porque no es cierto que la verdad libere.
Se quiebra la vara, pero se endereza el muchacho: La verdad no nos liberará. El muchacho está roto.
Mejor mentir. Mentir para vivir. Mentir para ser feliz. Mentirnos para
soportar la vida que se escapa a cada golpe de vara, a cada golpe de
cable, a cada golpe que nos recuerda la virginidad perdida,
y al hombre malo que nos la quitó con engaños,  porque la verdad no nos hará libres.
Recordamos
que el pecado es pecado porque se esconde.
Pero creemos que al final “Dios proveerá”: No el árbol que se yergue a un lado de la fuente, no la leche ni la miel; sino dinero, el dios Verdadero.
Lejos y suave, suena la voz de la bruja: ¿de qué te quieres salvar?
Mi madre me enseñó que la vida es infinita
y que el corazón no se rompe, porque no es un objeto.
Me quiero salvar del infierno,
Dicen que el infierno son los otros.
Otros que no quieren hacer lo que quiero que hagan. Otros que quieren que haga lo que no quiero hacer.
“Ella es buena, dolorosamente buena”.  La virginidad es siempre con pecado concebida.
Eva no era libre hasta que supo. Y supo que era buena, dolorosamente buena. Entonces le mintió a la piel, y la hizo devenir en pecado.
Antes, Llith se fugó desnuda y por su propio pié.
Para cuando Yahvé quiso expulsarla, ella ya se había ido.
Ama y odia.  Besa y golpea. Arrepiéntete y mata.
Yahvé así lo ha ordenado.
Adórame y témeme.
Yahvé así lo ha ordenado.
Ódiame y Ámame.

Yahvé así lo ha ordenado.