lunes, 5 de septiembre de 2011

Improvisación. Historia corta

Sonó el despertador, eran las 5 am y todo seguía oscuro. El ardor en la panza comenzaba a ascender. Pensé: el día tal vez no sería bueno. Coherentismo, fundacionismo: de todas formas las creencias no parecían firmes. Una vez más nada me anclaba a nada, ni ella, ni las estrellas, ni el arte, ni la promesa de un cambio profundo en el mundo...
Salir, ir a la escuela, estar arrojado en el mundo como simple existencia... De nuevo el hastío, de nuevo el abismo que se abría a cada paso, el sin sentido del cual, cada uno de los humanos era presa en uno u otro momento de la vida.
La mañana era fresca, en efecto, el otoño había comenzado y el ardor de los besos del pasado no alcanzaba a cubrirme del frío. Tomé el transporte, dos horas de insoportable humanidad enlatada en un tren: la astronave del proletariado. No tenía ganas hoy de aprender. El sin sentido se colaba hasta en las ganas de comprender el mismo sin sentido.
Llegué a la escuela, gélida e impersonal. Clases: La noche anterior no había leído nada -aburrimiento- El tema que una semana atrás me había parecido interesante ahora me era indiferente.
Miré hacia la ventana y estaba ella, sonriendo con la sonrisa boba de quien quiere sólo estar, ¡Qué terrible! La personificación de mi hastío personal. El fundamento que se había movido y que aun ahí tenía el descaro de mirarme como si no hubiese hecho nada y mi actuar se pudiera seguir sosteniendo sin ella.

Sonó el despertador a las 7 am. Estaba oscuro y en realidad no tenía ganas de salir de la cama. Era uno de esos día, donde el acostumbrado sentimiento de vacío se acostaba y acurrucaba a mi lado. No me levanté sino hasta una hora después, que me sentí un poco mejor para enfrentar el mundo que me exigía acallar al lobo y salir al mundo.
El asqueroso sentimiento de no ser amada como lo que era. Sí, algún día había sido diosa y luego había sido profanada. Algún día también fui el fundamento para alguien, pero ¿quién era el mío? La certeza de que estaba sola no me dejaba en paz. Ni como diosa ni como puta.
Trayecto a la escuela. Hablar en voz baja con el yo interno. Clases -aburrida- En realidad no quería saber nada que no me ayudara a aplacar la furia.
No era la primera vez en que me ofrendaban fruslerías, que yo no quería ni necesitaba y de la cuales no deseaba estar agradecida... Pero ahí me encontraba, caminando a su encuentro más muerta que viva esperando a ser escupida por no poder ser más la diosa...



En el último de los casos... Lo que quisiera saber es como pasé a ser tu angustia

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